domingo, 16 de enero de 2011

El Zodíaco

UN PATRÓN CONFIGURADOR DEL ESPACIO REFERIDO AL SISTEMA SOLAR
PERO DIBUJADO DESDE LA TIERRA  por Olga Weyne



La primera sintaxis de la astrología tiene que ver con el Zodíaco, ya que los doce signos 
representan su matriz más importante. Veamos por qué. 
De paso veamos también por qué no es lo mismo hablar de signos que de constelaciones. 
En el desconocimiento de esta diferencia, residen los equívocos y prejuicios 
anti-astrológicos más difundidos.


LOS ASTRÓLOGOS NO SOMOS PRE-COPERNICANOS
Mirados desde la Tierra, tanto el sol como los planetas del sistema solar orbitan aparentemente a su alrededor. Aún decimos “voy a ver la salida del sol” aunque sabemos que no es el sol el que se mueve. La realidad científicamente consensuada nos muestra que el sol es el centro de nuestro sistema y los astrólogos también lo sabemos, igual que todo el mundo, porque no somos pre-copernicanos. Pero quienes nos incluimos en la cosmovisión humanista seguimos apostando a mirar –a representar, a construir estructuras mentales- desde la ventana de lo humano.

Desde esa ventana la astrología toma el punto de vista terrestre mientras que si consideráramos el movimiento del sistema desde el punto de vista del sol -al proporcionarnos otras posiciones relativas- esto daría otra mirada y, en consecuencia, otra astrología, que también podríamos perfectamente  practicar y cultivar. Pero es una decisión. Mirar “desde” y no mirar (supuestamente) “lo que realmente es”, es una decisión que lleva a una opción representativa, como ocurre con cualquier arte o ciencia. Desde fines del siglo XIX, cuando empezaron a caer las ilusiones positivistas, esta discusión epistemológica se hizo cada vez más visible -para las ciencias y las expresiones de lo humano en su conjunto- y actualmente ya se la enseña incluso en el secundario y en el CBC. ¡Cuánto luego nos quede y nos conste de ella.. ah, eso es otra cuestión!

De hecho, cada planeta y cada posición dentro del espacio contiene potencialmente su propia mirada. Cuando dentro de no mucho tiempo nazcan niños en las colonias de Marte, si el punto de vista fuera “marciano-céntrico” obviamente no tendrían a Marte dibujado en sus cartas natales, pero sí a la Tierra y a Fobos y Deimos, los satélites marcianos.


DOCE ÁNGULOS, DOCE CUALIDADES
Desde el punto de vista geocéntrico que hemos elegido los astrólogos, tenemos la impresión de que el Sol, la Luna y los planetas orbitan alrededor de la Tierra y los visualizamos como desplazándose ante una lejana pantalla constituida por dibujos de estrellas en el cielo, las constelaciones.

Ese telón de fondo es el Zodíaco. Lo usamos dividido en doce fases o ángulos de 30° no sólo porque doce es el número divisor más fecundo -los antiguos dirían “esotérico”- para el círculo de 360 º, que permite jugar con subdivisiones basadas en el dos, el tres y el cuatro. También porque hay un pulso en el sistema solar que dura treinta días y es el ciclo mensual que liga a la Luna con el Sol: cada treinta días tenemos otra luna nueva.

Esta subdivisión nos define doce ángulos de un círculo que no es estático, sino que es dinámico: es el ciclar de un movimiento espiralado, como son los movimientos de todos los cuerpos del espacio. Cada ángulo es isomorfo a cualidades que tomaremos como hipótesis, para investigarlas y verificarlas. Por ejemplo, el primer ángulo -de cero a treinta- ligado al movimiento de manifestación del nuevo proceso, representa el desequilibrio inicial de todo sistema circular espiralado que retorna sobre sí mismo y toma impulso para continuar el movimiento, en una vuelta siguiente de la espiral. Y así con los restantes ángulos (*).

El orden anterior resulta válido para cualquier movimiento  del espacio, incluyendo el del círculo zodiacal aludido, que  en este caso es interno al sistema solar. Es un diseño que  expresa, para decirlo de algún modo, un campo magnético  que surge como si todos los cuerpos del sistema hicieran movimientos de bobina. Como si recrearan un campo magnético por su propio movimiento, reiterado y constante, y cada uno de esos campos tuviera cualidades distintas. Esto significa que el Zodíaco que utilizamos los astrólogos no es sustancial, sino que es relativo al sistema solar.


PUNTO VERNAL
Este Zodíaco o franja circular se calcula a partir de un punto de arranque que se llama “Punto Vernal”. Este hecho astronómico sucede todos los años hacia el 21 de marzo y se produce en la intersección de la eclíptica -la órbita imaginaria que describe anualmente el sol visto desde la Tierra- y el ecuador celeste, que es la prolongación imaginaria del plano del ecuador terrestre.

Este es, entonces, un punto zodiacal constante. Todos los años, en esa fecha, ambas líneas -eclíptica y ecuador celeste- se cortan, representando una relación intrínseca entre el Sol y la Tierra, de la que surge la subdivisión restante. En esa fecha, durante un instante la duración de la noche y del día es exactamente igual porque los rayos solares, al mediodía, caen perpendiculares a la superficie terrestre en la zona ecuatorial. Desde la antigüedad y en casi todas las culturas importantes de la historia, estos momentos del año fueron observados con atención por quienes seguían el movimiento de los cuerpos del espacio. El 21 de marzo es uno de estos momentos “especiales” del año: es el momento del llamado equinoccio vernal, el inicio de la primavera para el hemisferio norte y del otoño para el hemisferio sur.


UNA DISCUSIÓN BIZANTINA
Ahora bien: hace unos tres o cuatro mil años, cuando los griegos –siguiendo el impulso explorador de los caldeos- asociaron el “recorrido del Sol” con el trasfondo de las constelaciones zodiacales, el Punto Vernal tenía lugar contra el fondo de una constelación denominada Aries, el Carnero. A partir de este punto, se asoció cada uno de los doce segmentos en que era posible dividir la eclíptica -los signos- con cada una de las constelaciones zodiacales siguientes, que estaban en el trasfondo. Año tras año, se percibió la entrada del Sol con el trasfondo de la constelación de Aries, hacia el 21 de marzo.

Pero el movimiento de la Tierra en relación al resto del sistema nos depara aún otra sorpresa, ligada al hecho de que nuestro planeta no es perfectamente esférico sino que manifiesta un leve abultamiento en la zona ecuatorial. Esto produce otro fenómeno, a veces difícil de describir: es el llamado movimiento de precesión terrestre, algo así como el bamboleo pausado y cónico que hace un trompo, al mismo tiempo que gira sobre su eje. Este movimiento se realiza en el sentido de las agujas del reloj, o sea, en sentido contrario al que sigue el desplazamiento aparente del Sol por la eclíptica.

Durante los últimos dos mil años, este peculiar y lento giro ha cambiado el lugar donde el equinoccio vernal se había proyectado en época de los astrólogos griegos. En esa época el telón de fondo era la constelación  de Aries pero ésta quedó claramente atrás y durante estos dos últimos milenios se fue moviendo lentamente por la constelación anterior, Piscis, por donde aún transita, de a poco insinuándose por la fase previa, Acuario. La vuelta completa del equinoccio vernal a lo largo de la eclíptica transcurre en unos 25.800 años, aproximadamente; o sea que recorre unos 2.150 años -promedio- por signo.

Esto quiere decir que las fases del Zodíaco que vamos a utilizar no son las constelaciones concretas, ya que éstas -como ocurrió con Aries como constelación o Aries sustancial- sólo coinciden con el Punto Vernal aproximadamente cada 25.000 años. Este movimiento hace a otro nivel vibratorio y, por ende, a otro vínculo entre el hombre y el cosmos, que conocemos como Eras. La incipiente Era de Acuario está diciendo, justamente, que ese Punto Vernal está ahora lentamente apareciendo con el trasfondo de los finales de la era de Piscis y el arranque en la constelación de Acuario.

Desde la cualidad energética, según la lectura astrológica, esto está definiendo para nuestro planeta un tipo de movimiento de cualidades mucho más transpersonales y cósmicas, que no operan en modo claramente distinguible en lo individual.

En lo que hace al tema astrofísico puntual, la anterior aclaración es sumamente necesaria porque es común la crítica de algunos científicos -en especial la de algunos astrónomos- en el sentido de que los astrólogos nos equivocamos al sostener que Aries está en un lugar donde en realidad no está. Para no perdernos en discusiones bizantinas, es preciso repetir que la nuestra es una astrología del sistema solar, que se extiende a lo cósmico pero desde la mirada humana lo que implica mirar desde la Tierra.

El vínculo entre lo humano y las estrellas consteladas -que la astrología enseña a percibir- es de un orden de sutilidad distinto al movimiento astronómico propio del sistema solar que, cuando es mirado por una mente que se considera separada y capaz de mediciones “objetivas”, parece mucho más evidente. En este sentido, resulta paradójico que  algunos científicos exijan sustancialidad a los astrólogos, es decir, que exijan la referencia a algo concreto, cuando en realidad es obvio que la astrología trata acerca de un sistema de relaciones y de proporciones, en base a la relación Sol-Tierra.


LA ANALOGÍA COMO CRITERIO
¿Por qué predominan los “diálogos de sordos”, en lo que hace a este tema? Básicamente porque cuesta percibir que los distintos niveles de matrices cósmicas son congruentes, sea que impliquen órdenes cercanos como el terrestre o espacios mucho más amplios como el sistema solar, el galáctico o el inter-galáctico.

Estas matrices tienen sus congruencias -como las cajas chinas- pero es preciso diferenciarlas. Si bien es necesario distinguir que una cosa es el Zodíaco de las constelaciones o sidéreo y otro el de los signos o Zodíaco trópico, también es preciso percibir que ambos tienen una estructura análoga. Por ejemplo, pueden ser dibujados como un círculo divisible en doce partes y coinciden entre sí cíclicamente, más o menos cada 25.000 años. Esta sería su intersección “objetiva”: la coincidencia circular, temporal, cíclica.

Lo difícil de la discusión es que la percepción primaria -que paradójicamente es la de los científicos- dice que el único Zodíaco posible es el de las estrellas “objetivas”. Se pierde de vista que, en realidad, lo que los astrólogos llamamos Zodíaco es un patrón configurador del espacio referido al sistema solar, pero dibujado desde la Tierra. Desde Marte o desde Júpiter éste patrón zodiacal reflejaría la misma estructura, donde existiría un Punto Vernal específico -proyectado contra otro signo del Zodíaco, probablemente- pero sustentado en relaciones equivalentes.

Sintetizando: lo que es constante e inmutable es el “hecho” denominado Punto Vernal y no la pantalla de proyección del espacio estelar -Aries, Piscis, Acuario, etc.- donde éste se verifique. Este lugar, por cierto, cambia lentamente con los siglos y los milenios por el referido movimiento físico de la precesión terrestre. Sin embargo, anualmente este punto impacta a la conciencia humana con la misma característica energética: es un punto ariano -o, si queremos ser más precisos, un punto Aries / Libra porque todo lugar tiene su polo opuesto y complementario- y esto se reitera periódicamente, año a año, aunque haya cambiado el espacio estelar “objetivo” donde se proyecta.

Ese momento del Punto Vernal es el momento ariano que coincide con las estaciones primavera -del hemisferio norte- y otoño- del hemisferio sur. Como es un momento en el cual la luz y la oscuridad están equilibradas pero a punto de volver a desequilibrarse, indican una transición o arranque de un nuevo ciclo, en este caso el año geográfico. 

Porque a esta altura es obvio: el año que arranca 1ro de enero no es geográfico sino cultural, y no para todas las culturas. En cambio el desequilibro de los equinoccios, es para todo el planeta.


MÚSICA, MATEMÁTICA, ASTROLOGÍA (la proporción y las relaciones intrínsecas)
Como vemos, nos estamos apartando de la visión primaria que dice que “si un punto se da en un cierto espacio, toma la energía de ese espacio”. No nos estamos refiriendo a espacios concretos que tienen configuraciones y formas concretas, sino a un sistema de relaciones, lo que es mucho más abstracto. 
El Zodíaco mide la relación Tierra-Sol-Eclíptica, y no puntos fijos en el espacio. La relación entre la órbita solar y la terrestre mantiene cierta constante, en el sentido de que los dos puntos de intersección -Aries y Libra- marcan hemiciclos, sea cual fuere el fondo estelar contra el cual se proyectan. Los puntos intermedios quedan habilitados, por lo tanto, como si fueran secuencias proporcionales en un instrumento musical. Esta lógica se contrapone a la mirada que confía en poder medir el espacio y sus formas concretas “desde afuera”, como la que  sostiene aún la ciencia tradicional.

Sin dejar de mirar desde la Tierra, pero propiciando en cambio una percepción unitiva, esto es, interna al sistema solar, podemos considerar que éste tiene una forma, por cierto; pero que sus cualidades, igual que en la música, implican proporciones. 

O sea que hay dos maneras de entender el cosmos. Una dice que la posición dentro del espacio es determinante. Desde esta posición, habría un patrón zodiacal visto desde la Tierra, otro visto desde Júpiter, y así sucesivamente y éstos tendrían sus congruencias dentro del holograma, pero serían distintos porque en este caso se parte del supuesto de que “la posición objetiva” es la que determina las diferentes corrientes energéticas.

La otra mirada que es la que intentamos desarrollar en nuestras clases de astrología -si se quiere, mirada post einsteniana, a diferencia de la anterior- sostiene que lo único “determinante” es la proporción y que ésta es la matriz fundamental de las diferencias. En otros términos: que la proporción rige a las formas.
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(*) Se puede leer en cualquier manual de astrología por qué los siguientes ángulos simbolizan las siguientes cualidades. Sugerimos en particular los textos de Dane Rudhyar, el gran investigador y retraductor –para el lenguaje occidental- de esta visión profunda de la astrología. Entre nosotros y en el mundo de habla hispana, nuestro maestro Eugenio Carutti ha colocado algunos logros didácticos hasta el momento insuperables.  El es quien más claramente ha difundido esta visión metodológica, acercándonos de manera más familiar a Rudhyar cuyo estilo, para nada mejorado por las traducciones, a veces desalienta un poco a los estudiantes.

 ALGUNAS FUENTES


Rudhyar, Dane: Un mandala astrológico, ed. Luis Cárcamo.
   “                “     Zodíaco, el latido de la vida, ed. Obelisco.
   “                “     Rhythm of Wholeness (cf. www.khaldea.com)

Carutti, Eugenio: clases y seminarios (publicaciones de Casa XI). Artículos varios en www.casaonce.com    Introducciones respectivas en sus textos Las Lunas, el refugio de la memoria, y Ascendentes en astrología (primera y segunda parte), ed. Kier.

Reeves H. y otros: La sincronicidad ¿Existe un orden a-causal?, Barcelona, Gedisa.

Tucci Giuseppe: Teoría y Práctica del Mandala, Bs.As., Dédalo.

Carutti Eugenio - Weyne Olga: El Lenguaje Sagrado (borradores de trabajo, reflexiones e intercambios), material no ed., período 1994-2000.

Weyne Olga: Tiempo y causalidad (Conicet, informe 1989) - Tiempo psicológico, tiempo histórico y tiempo cíclico (Conicet, informe 1992), material no ed.

Weyne Olga: Astrología, 1er. año - Clases teóricas del programa de astrología (desgrabaciones  y cuadernillos de circulación interna), Red LunaVenus, 2007-2010

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